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El Jardín Japonés, creado para la contemplación y la admiración

 

La mentalidad oriental resulta difícil de entender para un occidental, por lo que debemos de acercarnos y sentir las influencias de la filosofía zen: “el hombre es parte de la naturaleza, igual que las plantas, el agua o las rocas, y no está completo si no se siente su hermano”. Esta sensación es la que podrás sentir al pasear por un jardín japonés.

La visión occidental

Cuando los occidentales visitan Japón, la primera impresión es que en sus jardines nada está fuera de lugar, y sin embargo no se nota que haya un orden preestablecido. La textura de una piedra, el color del musgo y los vaivenes de las vetas de la madera son como golosinas para los ojos y para el alma.

El exotismo de un jardín japonés que tanto nos cultiva, tiene unas peculiaridades, como la utilización del shakkei o escenario prestado, que aprovecha las vistas exteriores de la naturaleza circundante, para que el jardín parezca una prolongación de ella.

El jardín está creado para la contemplación y la admiración, al contrario del occidental que está pensado para el paseo. Por ello, la poda no es una operación de creación de siluetas imaginativas, sino que busca, en el jardín japonés, la armonía.

El jardín japones, prolongación de la casa

El jardín, no es un espacio exterior de la casa, sino una prolongación de ella, utilizando la asimetría como una manera de atraer al hombre hacia él. De ahí el uso del triángulo escaleno y los números impares en todos los elementos diseñados. El espacio vacío, otorga simplicidad y austeridad, mientras que el agua o la sugerencia de ella, está buscando abstracción.

Contemplar un jardín japonés, es contemplar el universo con todo lo que contiene. Las piedras se convierten en montañas mientras que el jardín seco o karensansui se convierten en mar, con  las ondas creadas en la grava con las rastrillas, simulando sus olas. Las piedras utilizadas, de diferente forma pero de la misma naturaleza y siempre en número impar, se colocan en grupos asimétricos como si de islas se tratase.

Los ríos que vierten al “mar”, sugieren frescura y suavidad para fascinarnos con el  murmullo de su discurrir entre las piedras. Este efecto puede lograrse, desviando el curso de un arroyo, creando un lago, o simplemente…construyendo un río seco.

Si te ha gustado el arte del jardín japones, quizás te interese conocer el arte del Feng Shui

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