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Los relojes de bolsillo

reloj de bolsillo

 Los relojes de bolsillo

Empezaron a construirse durante el siglo XV, se componían esencialmente de una cuerda de tripa cuya elasticidad era empleada como fuerza motriz, que por medio de un juego de engranajes se transmitía a un escape regulador de paletas que movía la rueda de las agujas a intervalos isócronos.

Estos relojes se retrasaban o adelantaban a veces hasta una hora diaria, por lo que el relojero Gruet sustituyó la cuerda por una cadenilla plana de acero. Sin embargo no fue suficiente esta modificación para regular la marcha, y fue preciso que Huyghens ideara también, en 1674, el muelle de acero en espiral para que la diferencia en la medida del tiempo non excediese de unos cuantos minutos diarios.

Durante el siglo XVIII, los mecánicos Barlow, Leroy, Graham y Harrison inventaron, respectivamente, los relojes de repetición, los de timbre y campanillas, el escape de cilindro y el escape de áncora, quedando sentadas las bases para la construcción de cronómetros. Amant, relojero francés, inventó, en 1741, el escape de clavijas para los relojes de bolsillo, escape que más tarde perfeccionó Lepante, y cuya invención le disputó Caron de Beaumarchais en el año 1754.

Se fueron sucediendo mejoras año tras año, aplicables tanto a los relojes de torre que tanta difusión alcanzaron en aquella época, como a los de pared, sobremesa y bolsillo, que también gozaron del favor de las gentes, y a los relojes astronómicos.

John Arnold construyó en 1782 un cronómetro de marina de gran exactitud provisto de escape libre con disparo y volante compensador, innovaciones mejoradas años después por el inglés Earnshaw. El reloj remontoir, inventado en el año 1747 por Gaudron, es mejorado en 1794 por Mugde, que aplicó a este tipo de relojes un escape libre de fuerza constante y el escape libre de áncora.

Durante los siglos XVIII y XIX, Francia fue a la cabeza de todos los países en lo que se refiere a la construcción de relojes de todos los tipos, no solamente por la perfección de la maquinaria, sino  también por el gusto y la esmeradísima ejecución de las cajas. La industria relojera francesa, llegó a su máximo apogeo en el siglo pasado, durante el cual compitió ventajosamente con las industrias similares suiza, inglesa y norteamericana.

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